Las dos cosas más difíciles de lograr en la vida

Hay dos cosas en la vida que son realmente complicadas de lograr y, por lo tanto, es de admirar cuando alguien las logra: Criar bien a un hijo y crear una compañía que sobreviva el tercer año y se vuelva exitosa. Criar un hijo bien es entregarle a la sociedad un buen ciudadano pero sobretodo una buena persona: Alguien con pensamiento crítico, con disciplina y con empatía; alguien que ejercerá su libre albedrío como mejor le parezca pero que jamás antepondrá eso a los derechos de los demás; alguien que no haga daño deliberadamente. Una madre o padre que logre eso es admirable porque en realidad nadie está realmente preparado para ser madre o padre. Crear un negocio desde cero y sacar la empresa adelante al lograr que sobreviva exitosamente después de los 3 primeros años es también una proeza por pequeño que sea el negocio; es sobreponerse cuando las probabilidades están en contra; es ser un poco un quijote con fe pero también con un poco de locura; es el ejemplo vivo de la perseverancia, la disciplina y la tenacidad. Mi admiración para todos esos padres y madres que levantaron excelentes personas y todos esos empresarios exitosos que generan empleo y mueven la economía después de haber creado una empresa desde cero: Son ejemplos y son casi héroes porque han contribuído al avance y al bienestar de la sociedad y lo han hecho desde la maneras más complicadas que también son las más admirables.

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Sobre astrología

No creo en la astrología. Al menos no en la astrología “convencional” o “tradicional”. Esa que afirma que Neptuno o Venus o Júpiter marcan las tendencias de nuestras vidas o el destino. Con eso dicho, creo que sí hay una influencia de los ciclos del Sol, la Luna y la Tierra en nuestra persona y también en la sociedad humana vista como un todo. El Sol evidentemente afecta nuestro cuerpo por medio de los ciclos circadianos de sueño-vigilia además de que sus rayos (tomados de forma moderada) influyen notablemente en nuestro sistema inmunológico. La Tierra es la interfaz más directa que tenemos con la Madre Naturaleza y definitivamente la forma en que la vemos y la interpretamos afecta nuestra mente; el entorno de la Tierra circundante nos afecta sicológicamente y eso es algo lógico; incluso las estaciones, la lluvia, el calor pueden llegar a predisponernos mentalmente (aunque podemos sobreponernos a esa fuerza mediante el control consciente de nuestros pensamientos). La Luna, y tal vez este es un punto muy controversial, afecta nuestras emociones; estoy convencido de eso aunque probablemente la afectación no menoscaba nunca nuestro libre albedrío ni nos marca un destino ineludible; una noche negra sin Luna o una noche despejada con una Luna enorme y llena puede contribuir a reforzar el miedo, la lujuria, la pasión o el Amor; al menos yo siento mucho emocionalmente el embrujo de la Luna a la que miro con respeto, fascinación y curiosidad. Amo la Luna (la hermosa, sensual y sexual Diosa Selene).

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La mañana es nuestra amiga

Las mañanas deben ser las horas de mayor actividad. Hacer las cosas más apremiantes y urgentes en las primeras horas de la mañana es un truco de productividad que realmente funciona. Al llegar al mediodía hemos avanzando fuertemente y queda el resto del día para las cosas importantes, los análisis concienzudos o el disfrute. La mañana es nuestra amiga. Levantarse a las 4AM puede ser un sacrificio, pero después de los primeros 20 minutos los beneficios suelen ser increíbles. Además después de 3 meses de madrugar ya se vuelve un hábito y el esfuerzo que conlleva prácticamente desaparece. La mañana es mi amiga.

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Vivir sin o con horario

Constantemente me debato en vivir con horario o sin horario. Tengo una especie de síndrome obsesivo-compulsivo con el manejo del tiempo, y sin embargo, después de un periodo de estar siguiendo horarios estrictos y extremadamente puntuales, ¡zas!, me termino abrumando y cansando para decidir que no seguiré un horario al menos durante un tiempo. Pero luego, la extrema libertad de hacer lo que quiera a la hora que quiera choca con la realidad de las obligaciones y ¡zas!, nuevamente fijo horarios estrictos para obligarme a ser disciplinado… y comienza el ciclo otra vez. Creo que más bien tengo un síndrome de bipolaridad, de doble personalidad con respecto al manejo del tiempo. Hay dos personas en mí: Una extremadamente puntual y obsesiva con hacer las cosas en un determinado horario y otra que piensa que la vida hay que vivirla dejándola fluir libremente como un rio. Ojalá encuentre un punto intermedio pronto porque es difícil fluctuar así. Me cansa mucho mentalmente.

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